Osaka's miscellaneous thoughts and things

Nuestra voluntad es como la de las rocas

En los campos STEM circula una especie de metáfora que se usa constantemente, casi a regañadientes. Quizá ni siquiera sea correcto llamarla metáfora; tal vez encaje mejor como un giro del lenguaje, una forma de abreviar lo que queremos decir. Aparece sobre todo en contextos divulgativos. No es un término técnico, sino una manera informal de hablar. Ese giro gira en torno a la idea de la voluntad. Los científicos dicen cosas como “la gravedad quiere juntar las cosas”, “un objeto quiere permanecer en reposo”, “una especie quiere transmitir sus genes”. También podríamos llamarlo personificación o antropomorfismo.

Casi siempre, estas expresiones vienen acompañadas de una aclaración previsible: “por supuesto, es solo una metáfora; una computadora no quiere nada en realidad”. Y justamente por eso resultan polémicas: rara vez pasan sin comentario. Los científicos se esfuerzan por dejar claro que el mundo físico, inerte, no tiene subjetividad como nosotros, que sus “deseos” no se parecen en nada a los nuestros. Insisten: es solo una forma de hablar.

Pero el hallazgo central de Arthur Schopenhauer apunta en otra dirección. Sugiere que esta cautela es, en el fondo, equivocada; que si recurrimos a esa “metáfora” una y otra vez, incluso sabiendo que “no es correcta”, es porque toca algo verdadero acerca del mundo. No porque la naturaleza esté viva o piense, ni porque posea una subjetividad comparable a la nuestra, como si existiera una mente divina que quiere del mismo modo que nosotros. Más bien, lo contrario.

No es que las rocas quieran como nosotros queremos; es que nosotros queremos como quieren las rocas.

Quienes emplean estas expresiones con incomodidad, apresurándose a aclarar que no describen la realidad, parecen olvidar algo elemental: nosotros también somos materia. Nuestra voluntad no es algo aparte, sino el resultado de las mismas dinámicas que rigen todo lo demás en el universo. Sin embargo, por la propia naturaleza de su trabajo, los científicos tienden a imaginar que pueden situarse fuera del mundo, como observadores completamente externos. Y en ese gesto olvidan su propia condición situada. Aunque se declaren materialistas, caen con facilidad en un dualismo bastante burdo.

No: nuestra voluntad no es distinta. No es una metáfora. Nos movemos como todo lo demás se mueve, arrastrados por fuerzas que no controlamos. La diferencia es que nosotros estamos aquí para observarlo, y además sentimos la necesidad de ignorarlo o justificarlo. Saber, en un sentido visceral, que uno es una marioneta es extremadamente difícil, incluso si lo comprendemos a nivel intelectual. Y no es extraño: ¿por qué habría la evolución de dotarnos de una capacidad tan poco útil?

Queremos como quieren las rocas: es decir, conforme a fuerzas externas que escapan tanto a nuestro control como a nuestra conciencia. La gravedad “quiere” juntar las cosas del mismo modo en que yo “quiero” comer carbohidratos, escribir poesía o cualquier otra cosa, por más humano que se sienta. La voluntad no es más que la experiencia de ser una cosa en sí.

Y, francamente, no es algo que me entusiasme demasiado. Dicho de otro modo, ¡no estoy muy contento con ello!

Esta es una traducción de un artículo muy bueno y contundente, escrito por mi amigo N0THANKY0U. Pueden leer el original en el siguiente enlace: https://n0thanky0u.neocities.org/wewantlikerockswant/