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Venezuela y la visión imperial de unos Estados Unidos en decadencia.

Hoy en día, existe un país extremadamente peligroso que, además de haber desencadenado otro cambio de régimen desestabilizador y sin ningún sentido, lo ha hecho a plena luz del día, ante todos los países del mundo, sutilmente amenazándolos con un mensaje de fondo: «Tú podrías ser el siguiente si no haces lo correcto».

¿Qué se puede hacer cuando Estados Unidos deja claro que le vale madre la ley internacional? Eso aún está por verse. Esta debería ser nuestra principal ocupación como humanidad y como países que buscan soberanía y una cooperación que beneficie a todos.

Desde la caída de la Unión Soviética, hemos estado enfrentando una fuerte serie de medidas diseñadas para maximizar la extracción de los recursos estratégicos. Al mismo tiempo, la financiarización de la economía, en lugar de mantener un modelo basado en la industria, se ha intensificado como resultado de la hegemonía del dólar, generando un entorno en el que el imperio estadounidense tiene más influencia que nunca.

Como resultado, surgió un nuevo consenso, y así comienza la era del neoliberalismo, debilitando a todos los partidos y movimientos de izquierda, que suavizaron su mensaje e intentaron hacer cambios en los márgenes, convirtiéndose en los gerentes del capital.

Sin embargo, estamos viviendo en otra época. A medida que Estados Unidos va perdiendo su potencia y su lugar en el mundo frente a otras potencias, como las del BRICS, que utilizaron el sistema global neoliberal junto con la dirección del Estado para mejorar los resultados para toda la sociedad y, de hecho, para socavar ese mismo sistema, los grandes discursos sobre la democracia quedarán atrás. La brutal realidad, las consecuencias más inquietantes de su visión imperial, se harán presentes desde el fondo hacia el frente. Estamos viendo a un imperio grosero y decadente; por eso todo el maquillaje y todas las justificaciones que marcaron las ambiciones imperiales de Estados Unidos en la era neoliberal ya no están.

De forma muy similar a un padre que solo mantiene el respeto de sus hijos mediante el uso de la fuerza, el imperio estadounidense está experimentando una fuerte disminución de la confianza de su población y de sus instituciones, así como del respeto del mundo. El imperio es el padre que ya no tiene legitimidad y el perro herido que aúlla. Y así están llevando a cabo todas sus miserias para imponerlas sobre el mundo.

No sé qué pasará en Venezuela ni en los otros países que buscan su soberanía. Lo que sí sé es que, a pesar de la potencial pérdida de un gobierno soberano con un modelo distinto a la oligarquía global dominada por el capital estadounidense, el fuerte proceso de dedolarización está ahí para quedarse. Por mucho que quieran destruir el modelo del socialismo con características chinas, China ha mostrado al mundo entero que una nación innovadora puede existir sometiendo al capital a los intereses del pueblo y coexistiendo con el imperio estadounidense al mismo tiempo.

Un país que ha erradicado la pobreza extrema, que cuenta con algunas de las tecnologías más innovadoras del mundo, donde el 90% de la población es propietaria de su vivienda, el gobierno garantiza atención médica de alta calidad y utiliza todos sus recursos para impulsar la innovación, y donde el 50% de la población con menores ingresos en China tiene el doble del patrimonio neto promedio que el 50% con menores ingresos en Estados Unidos. Todo esto, a pesar de que China tiene solo un tercio del PIB per cápita de Estados Unidos.

Mientras Estados Unidos destruye países, interviene o derroca presidentes que ejercen su soberanía sobre sus recursos y actúa como el padre que carece de legitimidad, algo está muy claro: el socialismo está ganando, y además, con menos riqueza.

Sin la necesidad de someter a otros gobiernos, China ha hecho algo mucho más impresionante: está construyendo la infraestructura del futuro en muchos países del mundo, exactamente lo opuesto a la destrucción que está llevando a cabo Estados Unidos.

La gran batalla de la nueva generación va a ser la del socialismo chino frente al capitalismo decadente y depredador. Por lo tanto, mientras China todavía exista, la bandera roja y la esperanza que encierra seguirán vivas. En otras palabras, la determinante disyuntiva a la que se enfrenta esta generación es socialismo o barbarie.